Hay días en que el ecosistema tech parece un campo de batalla donde las trincheras se cavan con líneas de código. Hoy fue uno de esos. Por un lado, Firefox quedó como el último gran navegador que todavía soporta uBlock Origin —el último bastión contra la publicidad invasiva—. Por el otro, Google anunció avances concretos en encriptación homomórfica para hacer que la IA privada sea, por fin, práctica. Mientras tanto, los legisladores se preparan para la "era oscura" del cifrado, y un dispositivo del tamaño de una moneda puede tumbar un Boeing 737.
Todo parece desconectado, pero hay un hilo común: la batalla por controlar quién ve qué, quién puede espiar, y quién protege los datos. Y en esa batalla, el open source vuelve a ser el refugio de los que no quieren rendirse. Empecemos por el frente más visible.
🛡️ El último bastión adblocker: Firefox contra el imperio
Si usás navegadores Chrome, Edge o Brave, probablemente ya notaste que uBlock Origin dejó de funcionar. La culpa la tiene el cambio de Chrome a Manifest V3, que limita las extensiones de bloqueo. Hoy, PCWorld lo confirma: Firefox es el único navegador importante que aún soporta uBlock Origin completo. Y no es casualidad: Mozilla se ha negado a seguir la misma vía que Google, manteniendo compatibilidad con WebRequest, la API que permite a los adblockers interceptar solicitudes.
Es una posición incómoda y noble a la vez. Mientras tanto, los que quieren navegar sin publicidad invasiva se vuelven, literalmente, una minoría con un navegador "alternativo". La ironía no se le escapa a nadie: Google, el gigante que domina el mercado de la publicidad digital, es quien controla el navegador más usado. Y también es quien, en paralelo, está desarrollando IA privada. Más sobre eso en un segundo.
🔐 Google juega a la privacidad con matemática avanzada
En el otro extremo del ring, Google anunció avances en encriptación homomórfica. Para los no iniciados: esta técnica permite computar sobre datos cifrados sin descifrarlos. Es la piedra filosofal de la privacidad — procesar información sensible sin que nadie, ni siquiera el servidor, pueda leerla. Durante décadas fue un sueño teórico con costos computacionales prohibitivos. Google dice que ahora es práctico.
Es un movimiento astuto: por un lado, Google construye su imperio publicitario sobre el análisis de datos; por el otro, presenta una tecnología que podría proteger los datos de los usuarios incluso de sí mismo. Algunos lo ven como greenwashing criptográfico, otros como una carrera hacia la próxima frontera. Lo cierto es que la matemática no miente: si la encriptación homomórfica se vuelve real, el modelo de negocio de la vigilancia publicitaria tal como lo conocemos se tambalea. Quizás por eso también están presionando para debilitar el cifrado de extremo a extremo. Hablamos de eso en el último bloque.
🏗️ El open source no afloja: Qwen, RustDesk y las nuevas herramientas del radar
Mientras los gigantes se pelean por el control de los datos, el ecosistema open source sigue su marcha imparable. Hoy el radar trae varias joyas:
Qwen 3.8 27B — El nuevo modelo de Alibaba, en versión 27B cuantizada a FP8. Es de los pocos modelos open source de ese tamaño que rinden a nivel de los propietarios más grandes, y con un peak de hardware accesible. Es un recordatorio de que la brecha entre open source y propietario se sigue cerrando.
RustDesk ahora soporta acceso remoto desatendido en Wayland — Una de esas herramientas que parecen de nicho pero que importan muchísimo. Wayland está reemplazando a X11 en el escritorio Linux, y hasta ahora el acceso remoto desatendido era un dolor de cabeza. RustDesk, la alternativa open source a TeamViewer, lo resolvió. Para los que administramos máquinas remotas, esto es una bendición.
ThoughtDAG — Un proyecto interesante: un grafo de contexto editable para conversaciones con LLMs. En vez de un chat lineal, podés ramificar, reordenar y editar el contexto. Es un paso hacia interacciones más profundas y menos secuenciales con la IA. En las primeras etapas, pero prometedor.
AI by Hand y eigendrum son perlas menores, pero muestran que el espíritu de experimentación sigue vivo. Auto-research con Codex también demuestra que la automatización de la programación empieza a dar resultados concretos: alguien logró un kernel 232 veces más rápido con ayuda de IA. No está mal para un jueves.
⚔️ La guerra silenciosa por el cifrado
Cierro con el tema más inquietante. Mientras Firefox defiende el adblock y Google hace magia matemática, el artículo de Cryptography Engineering sobre "Going Dark" pinta un panorama sombrío: las agencias de aplicación de la ley están perdiendo acceso a comunicaciones cifradas, y la respuesta no es mejorar capacidades, sino intentar debilitar las protecciones.
En paralelo, la noticia del dispositivo del tamaño de una moneda que puede hackear un Boeing 737 nos recuerda que la seguridad es una carrera armamentista. Los sistemas que protegemos con cifrado están rodeados de vulnerabilidades físicas. Y el caso de Sean Byrne, el hombre que no existe, muestra que la identidad digital es cada vez más porosa.
La tensión es clara: por un lado, los que quieren más vigilancia; por el otro, los que quieren más privacidad. El open source y las herramientas gratuitas son el escudo de los segundos. Firefox, uBlock, RustDesk, Qwen: todos son actos de resistencia silenciosa.
📺 Para cerrar: el espía que espiaba a los espías
Todo este panorama me recordó a The Conversation (1974), la obra maestra de Francis Ford Coppola. En ella, Harry Caul —interpretado por Gene Hackman— es un experto en vigilancia, un profesional paranoico que graba conversaciones ajenas por encargo. Pasa sus días y noches encerrado en su taller, aislado del mundo, convencido de que su técnica es impecable. Hasta que un día descubre que la cinta que grabó, la que creía dominada, contiene un crimen que lo involucra. Y entonces el vigilante se convierte en el vigilado. Su paranoia, su necesidad de silencio absoluto, se vuelven su condena.
Hoy, el ecosistema tech es un poco Harry Caul. Todas nuestras herramientas — navegadores, modelos de IA, protocolos de cifrado — existen en un mundo donde la vigilancia es el negocio principal. Firefox resiste con su adblock mientras el imperio publicitario lo mira de reojo. Google desarrolla cifrado homomórfico mientras, con la otra mano, presiona por excepciones de seguridad. Y el open source sigue construyendo sus propias trincheras, esperando que la paranoia colectiva no se convierta en condena.
La diferencia es que, en el mundo real, la historia de Caul termina con él repitiendo "no sé nada sobre el asesinato" en su departamento vaciado — su mundo se derrumba. Pero mientras existan iniciativas como RustDesk, Qwen y los proyectos que hoy se incuban en el bajo mundo de los repositorios, todavía hay espacio para construir en lugar de espiar. La pregunta que queda flotando, como la última nota del piano de David Shire, es: ¿estamos afinando el instrumento o preparando la fuga? Yo, por ahora, sigo escuchando.